Memorabilia, iconografías mecanografiadas, cajas chinas, muñecas rusas, recetas, hipertexto culinario y del otro, origamis mentales, hagiografías paganas.

lunes, marzo 27, 2006



Comer en Mendoza

A tan sólo seis horas de viaje por tierra hay un mundo entero por explorar. Si bien Mendoza es el terroir del Malbec, la invitación es a que se atrevan con cepas distintas y preparaciones con y sin carne. Un fin ­de semana cualquiera - corto como éste o largo como el de Semana Santa- se perfila ideal para creerse el cuento en una locación ideal para "Entre copas" versión cono sur.
Los chilenos amamos los vinos-mermelada y con cuerpo, mucho palo y ojalá reservas. Quizás es el tiempo de afinar la nariz y la boca hacia experiencias más frescas, juveniles, menos ceremoniosas. ¿Dónde? Una gran opción es Mendoza. Allí, un tour por las bodegas es simplemente imperdible, sobre todo para conocer y reconocer cepas poco ortodoxas. Y si de comer se trata, sólo hay que tener en cuenta algunas advertencias: ojo con los restaurantes que toman la siesta y apagan los hornos a las 15 horas para reanudar recién a las 21 horas. De pescados y mariscos, mejor abstenerse o esperar el regreso, aunque en la ciudad argentina se encuentran dignas excepciones, como la trucha fresca de río y el incombustible salmón ahumado. Y, a la hora de pagar, tres pesos argentinos equivalen a aproximadamente $500, aunque los puristas pueden andar con calculadora y multiplicar a la razón de 1 a 170. Como sea, la relación precio-calidad siempre favorece al visitante. Esta es una guía para que se atreva a recorrer viñas y restoranes mendocinos. Con un fin de semana basta.
La mejor de las bodegas. En el corazón del valle de Luján de Cuyo - a unos 20 pesos en taxi desde el centro de Mendoza- se encuentra la bodega de Carlos Pulenta, que atiende de martes a sábado y los domingos sólo hasta el mediodía. En el recinto, se nota la mano de Jean Paul Bondeaux en el restaurant La Bourgogne, que ofrece una carta de vinos y comidas delicada y especial. Sugiero un carpaccio de hongos y jamón con ensalada de hierbas y culis de perejil. De fondo: raviolis de hongos y pato con cebollas horneadas o unas costillas de ternera al vino tinto. De los postres, un volcán de chocolate venezolano y sorbete de limón. El precio promedio de tres platos, sin incluir vino, oscila entre 70 y 80 pesos ($12.500). La cocina argentina tiene una categoría para los chefs nuevos en la era "Pos-Mallmann", y es que su influencia ha sido gravitante para estructurar conceptos gastronómicos coherentes y rentables. La carta es respetuosa con las materias primas de la zona; no hay salsas extravagantes ni comidas sincréticas o experimentos de rótulo molecular: su restaurante
1884, en la bodega Escorihuela Gascón, es un ejemplo de lo anterior. Rescatamos: jamones con durazno ($1.870) y unas remolachas tibias con ajo crocante ($3.400), bistec gigante con chimichurri y verduras asadas para dos ($13.260), y un risotto de hongos ($5.270). La carta de vinos es nutrida y bucear en ella exige la asesoría del sommelier, que recomendó su best value, el - era que no- malbec Enrique Foster 2003. Es el lugar idóneo para degustar variedades y cepas como tempranillo, sangiovese, marselan o el pinot gris, a las cuales no estamos muy acostumbrados.
Nueva cocina. La cocina local ha experimentado una evolución sorprendente, con restaurantes de nivel mundial. Es el caso de Las Negras, inaugurado hace un año cuando su dueña saltó del catering a bodegas a lo propio, con un concepto de cocina osada, para paladares ambiciosos. De entrada: sopa de melón con crocantes de jamón crudo ($2.550). De fondo dos destacados: raviol abierto con ragout de cordero al vino ($5.100) y pierogi (pasta típica polaca) rellena con queso, papas, crema y cebolla caramelizada, y un imperdible: la fusión chino-francesa del magret de pato Pekín en salsa de arándanos con una tarte tatin de puerros ($7.140). De postre no pueden soslayar el volcán de chocolate con sorbete de frambuesa ($3.400) o algo más fresco como las frutas con sorbete de piña y almíbar de albahaca ($2.380). La carta de vinos recolecta lo mejor de los alrededores.
Zur es otro exponente reciente de la nueva cocina argentina. Destacan sus versiones de preparaciones clásicas. Los nostálgicos podrán probar una versión gourmet - en tulipa de masa phylo- de la tradicional humita ($1.870) o tal vez pueden inclinarse por unos sorrentinos rellenos con mousse de ciervo ahumado ($3.230). De postre, las peras con helado de chocolate bitter ($1.530) son insuperables. La onda es más bien desenfadada y una carta acotada de vinos ayuda a la hora de elegir. Con algo más de trayectoria, Azafrán es otro ejemplo de comida argentina contemporánea. Llevan casi cinco años con la onda almacén-y-cava con platos que están muy bien. Destacan una entrada de quínoa con boconccini (verdadera mozzarella de búfala) y un salame casero ($1.530), risotto de morcillas y hongos portobellos, simple y sabroso ($3.400), y una trucha con espinacas asadas y almendras que se puede acompañar con alguno de los vinos de su cava.
Clásicos nada mall. Ir de compras puede ser una opción bastante conveniente, y si está de paso por el Palmares Mall, hay tres destinos fijos que - coincidentemente- son de los más mencionados entre los mendocinos más seniors. Los carnívoros apreciarán una parada por
Don Mario, donde -además de buenos precios- está una de las más reputadas parrillas. Bife de filete ($2.550), una parrillada para 2 ($3.893) o un ochentero lomo al champignon ($4.063) son opciones que resaltan la habilidad de los argentinos cuando combinan la leña, vinos y carne. Al lado, Montecatini para los que aman las pastas y las recetas inalterables, porque el lugar las sabe preparar manteniendo un formato conservador en la cocina. Algo similar sucede con las preparaciones ítalo-argentinas de La Marchigiana. En fin de semana conviene reservar para estos tres y evitar la espera con cara de hambre, que puede derivar en malos ratos o en el Mac Donald's más cercano.
Nuevo y panorámico.
Uno de los más nuevos de la ciudad es Décimo. Apenas dos meses perdonan que a pesar del letrero "resto-wine bar" la carta de vinos no sea de las más apertrechadas. Cuento aparte es la vista que se lleva todos los aplausos y la cocina, más correcta que sorprendente, aunque resalta con un Verniccelli a la Caruso ($2.550), una versión más pro de pasta gruesa con nuestra impostada salsa Alfredo. Al almuerzo es ideal, y más aún por un menú de 15 pesos ($2.500) de tres platos. Opción que permite probar también ensalada de cebolla y naranja o una extraña y fría pizza japonesa.

Direcciones: Décimo: Garibaldi 7, piso 10, Edificio Gómez. De lunes a sábado, +54 261 4340135. Restaurante La Bourgogne: (Bodega de Carlos Pulenta): R. Sáenz Peña 3531, Vistalba- Luján de Cuyo, +54 261 4989420/ Restaurante 1884: (Francis Mallmann), Belgrano 1188- Godoy Cruz, +54 261 4220744. Las Negras: Pasteur 177- Godoy Cruz- +54 261 4240008. Zur: Mariano Moreno 111 2do piso, +54 261 428 4170. Azafrán: Sarmiento 765, +54 261 4294200. Montecatini: Palmares Open Mall, +54 261 440 1097. La Marchigiana: Palmares Open Mall, +54 261 439 1961. Don Mario: Palmares Open Mall, +54 261 439 4838.

1 Comments:

Blogger Unknown said...

este finde quiero ir a Las Negras, me tincó harto y me lo recomendó otro amigo tb.
está muy buena tu selección de lugares
saludos

5:35 p. m.

 

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